Asigna el estado de riesgo basándose en datos que reflejan indicadores vitales de salud, historial, estilo de vida, factores socioeconómicos y parámetros de reclamaciones. Ofrece información sobre los niveles de atención requeridos por un paciente o población según el riesgo. Identifica proactivamente a los pacientes que tienen más probabilidades de beneficiarse de los protocolos de atención.